PoesiaypinturadeLuisVargasAlejo - Memorias del Limbo-Poemasa
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El Limbo, es hoy un lugar despoblado y expropiado por la Iglesia, que está puesto a la venta. 

 

Yo estoy, simplemente, de ocupa en el Limbo

 

I

 

 

Refugio que espera llenar espacios

 

a pesar de la gravedad de los suelos y la tierra,
de los bulbos y raíces
en los pantanos sulfurosos de las ciénagas,
que atan pies,

 

impidiéndonos volar

 

como aves migratorias.
Un refugio nos espera,

 

abierto a los sueños
desde los tiempos de los tiempos,

 

solaz creación de la imagen
como centro del ser y del deseo,
hedónico placer concéntrico
que guarece verdaderos azules
de donde penden las estrellas.
 

 

Guarida infinita
      del amor verdadero,
                      eternidad sin "a" (alfa) ni "W" (omega):

 

                                                         limbo.

 

 

 

II 

 

 

Para que sean ciertos los deseos y los sueños

 

mentimos,

 

con el afán de que se cumplan los designios,

 

para que nuestra verdad no sea una doliente farsa,

 

para que puedan realizarse alguna vez,

 

                                      para  que puedan volar sin alas...

un tropel de posibles hilados en el viento

 

deben envolver nuestras nostalgias.

 

 

Si vuelvo del Limbo, es para quererte.  

 

 

III

 

 

 

Araucanía de deseos, musas, palabras,

 

retorno ingrávido, alameda

 

de chopos solitarios.

 

 

 

El Limbo es un espigón

 

que mira hacia la belleza,

 

busca lo distinto,

 

                lo nuevo,

 

                lo transpirable,

 

es el inicio de una conquista.

 

 

 

Monotonía del sedal que vuela estático,

 

círculos de agua que son

 

devenires hermosos.

 

 

IV

 

 

 

Flotando en acuosas realidades
como materia suspendida en el alma,
la memoria va recordando
anónimos sueños extramuros.

Paisaje vacío y sin fronda
donde fui llenando de arpegios la vida
entre huecos de esmaltes cálidos.

 

 

 

Por eso, hoy vivo en el Limbo.

 

 

V

 

 

Creando surcos,
trilla,

 

tierra,

 

mundo,
caireles soñados

 

que producen trabajo.

Tus preciosos pies,

 

enraizados

 

en la ternura suave de un gesto,
crean arcos para unir,

 

ocres y azules,
palabras y versos
dentro del agua,
playa,

 

tendida tú, en la arena,
brotaron verdines
con gérmenes de permanencia.

 


Muchos, aún, estamos suspendidos en el Limbo,
redimiendo los contornos.

 

 

VI

 

 

Con esbeltos veleros que cruzan el tiempo

 

y surcan el ámbito de todo lo onírico,

 

bajeles y carabelas nos despiertan día a día,

 

sorprendiéndonos.

 

 

 

Mientras,

 

el mar orada la tierra costera

 

en playas tendidas al sol y al aire,

 

arena en el crepúsculo,

 

rojo atardecer:

 

gaviotas extienden sus alas.

 

 

 

Entonces se levantan los deseos,

 

las nostalgias comienzan a echar

 

cabos hacia los barcos,

 

y pescadores de sueños en imágenes,

 

remedan el amor, nadando en aguas.

 

 

 

Oh, el amor, un sueño que muere

 

al declinar la tarde, envuelto en el oro

 

de los altares, ofrenda del corazón

 

del amado/amada, trompo que baila

 

sobre las pomposas nubes

 

que nos llevan al Limbo.

 

 

VII

 

 

No es una penumbra, ni un amanecer, no es nada.

 

Seda

 

que traba el gusano, paciencia de hilo, hilo tejido

 

en lindo textil, velamen de carabelas

 

que el viento sopla con ilusión,  ansia

 

de llegar a la línea que distribuye la tierra abajo,

 

el cielo arriba, linde de labios, unción de besos,

 

sombras

 

de sedas humedecidas en un vórtice,

 

donde el poeta descubre la esencia

 

de una cueva,

 

cuyo secreto es una pira que arde

 

derritiendo las estrellas.

 

en el Limbo

 

 

 

VIII

 

 

A caballo entre el polvo y el viento,
sedosa penumbra que abre la luz,
                                           belleza creada,
                                                sueños fingidos,
                                                       arrullos de voz...
dicen las olas que no tengo tiempo,
y  retorno deprisa
a cantarle a los hombres romances de agua,
                                             fanáticos silencios,
                                                 libélulas de nieve,
                                                            astros azules,
                                                     caudal de perfumes
                                                       de claros jazmines.
Rodeo las cítaras
con  sonidos de salmos,
                            profecías,
                                       deseos,
                                            alas sin rumbo,
                                                  designios  ocultos,

 

nos han de llevar al Limbo

 

 

IX

 

 

A caballo entre el polvo y el viento,
generosamente
me llevan las meigas,
más allá de las cumbres
en un día claro,
sobre una corva marina

 

con pliegues y rizos
que abren oquedades:
puertas
del caudal de las almas.
 
La existencia no existe

 

sin ti, sin mi,
va y viene explorando
el mundo, - tan dispar-
porque todavía no es nuestro,
ni tiene unicidad.

 

Tu y yo, estamos en el Limbo.

 



X

 

 

En vano me limitan los sentires,
en vano pasa el tiempo y se me acopla,
en vano se me ubica  como un árbol espacial.

Tomo posesión de lo increíble -porque es mío-
notando cómo cantan los triángulos,
cómo se estiran las espirales,
cómo se arrugan las líneas,
y cómo se convexa lo cóncavo.
Adivino sin oír cantar al mirlo,
me tiño de azul el pensamiento:
                          ¡un cielo claro y tormentoso hay:
                                      surtidor de relámpagos

 

                                             Donde yo soy el trueno!
Me siento en las sillas "patasarriba",
balanceándome en barcas inmóviles,
y tiro de las cuerdas que sujetan las estrellas

 

para recoger el polen

 

                          de los brillos de su plata.

 

Si me entiendes, vente al Limbo.

 

 

 

XI

 

Alegórico
es el canto del abejaruco,
el ciprés solitario,
el alma desnuda,
el cielo amarillento,
el rojo, el escarlata,
el símil,
el espejo roto,
el color del arco iris
el mar bañando tus pies,
el aire moviendo tu pelo,
el sueño.
Y despertar cada día
entre muslos de rosas y arena.

¿Alegoría?: La vida.
El sol que quema mi piel
y se hunde en las entrañas,
para que busque la sombra
dentro
de una hermosa jaima,
allá en el Limbo

 

XII

 

 

Así es mi corazón:
acantilados de físicas emociones
y geometrías tenaces que configuran el ser:
deseos y presencias de imágenes
que preservan lo vivido:
por eso vivo en el Limbo.

 

XIII

 

 

Se ondula el Atacama
- caliente y vivo -
como trozo de un todo diseminado,
donde un copihué desea ser abierto
y engendrar jardines de mantos rojos.

Pedacitos de Chiloé me rompe el alma
acribillada de blancos montes de nieve:
las olas oceánicas me van buscando
- bañándome la piel -
con acordes y cánticos
de una sirena.

Por los bosques navegando
me pierdo en las islas negras,
trasportando piedras de divinos moai
que transporto hacia el Limbo.

 

XIV

 

 

En cuanto a las estrellas, -no se cómo decirlo-
parece que se extendieran en la duración,
agazapadas más allá del tiempo y de los tiempos,
trasparentes,
rezumando esquirlas licuadas que asemejan lágrimas
y transportando la materia que toca el cielo,
de forma seductora,
haciendo nacer la infinitud inalcanzable,
la cotidiana presunción,
la belleza
de las cosas irreales que existen
y me parecen espléndidas.
Ojos que nos miran envolviendo musarañas
en los cúmulos platónicos de los lagos,
entre las aguas,
donde se caen -tan firmes ellas- con humildad,
sin pretensiones,
para mojarse en este mundo sin luces,
de noche,
tenues
solas...

 

como yo, aquí en el Limbo

 
 
XV

 

 

Todo está ordenado y en desorden,
todo está aquí
caóticamente mezclado,
cóctel de arrayán y jazmín:
sueños que se tejen
en los lustros de las sombras.

Feliz encuentro múltiple
de variedades ajenas, que se mezclan
en los óleos del poeta
de los cuadros límbicos.

 


XVI

 

 

Ahora,
cuando todo parece belleza y es calma la mañana,
antes que se me olvide algo, más allá del horizonte,
antes que me arrojen del Limbo, antes, mucho antes,
quiero nombrar con palabras, las cosas del amor,
las cosas de la tierra, las cosas del mar...
antes de que la lira no pueda producir sueños,
ni derramarlos como una luz, sin la angustia de la osadía
y la hospitalidad del resplandor de la aurora.

Luego,
sumergido en las aguas de la noche, escondido
en la secreta nostalgia, oyendo los pasos que se pierden,
he de decir, te amo, con la densidad de la blanca luna,
aclamando desde el pretil, al viento, entre nubes
ya desdibujadas,
las formas del apasionado sentir, entre pechos de amante,
recatados, expectantes, como el rostro y la voz
que se hace presente, en el enigma del tú y yo,
que aparece en el silencio entreabierto,
de tu Limbo y el mío.

Ahora,
junto al soliloquio del calor de tu cuerpo, del murmullo
y del asombro infinito, queriendo ser arrebato,
trato de escuchar los ritmos de la tierra mirándote a los ojos,
noto los ritmos del mar, acercando tus lejanías, para no
quedarme sólo con el sonido opaco de los besos,
sino desangrar el alma, dejarla inerme, morir a voces,
solo, satisfecho junto a tí, amor, luz, tierra, mar...

con la única promesa, de vivir feliz en el Limbo.

 


XVII

 

 

Rebotando de hoja en hoja
pasa , ungido de luz, el rayo.

Atraviesa el bosque enhiesto un caudal de asombro,
y la mañana parece
estremecerse en claroscuros.

Se acurrucan los cantos de los colorines con los anhelos,
como aquellos ecos
de vigilias de campanas distantes, que nos llaman.

Es un lugar que rezuma néctar rojo,
un duelo de deseos y realidades, suspiros de niebla,
tiempo como ramas de naranjo, como brazos que acarician
el olor del azahar, y el sonido de las flautas.

Se distinguen
los contornos de lo bello,
recortando el azul,
dibujando formas,
impidiendo conocer las geometrías
del cielo de tejamanil,
los lares dibujados en recovecos celestes, confundidos
y fuertemente amasados,
como la serenidad de un sueño de amor...

¡Dios, estoy en el Limbo!

Fue ese amor de mujer que altera diapasones,
la caricia de unos dedos que hacen vibrar cuerdas, extendidas
con pasión de fandango, sobre una oquedad resonante.

Árboles con hiedra
tocan melodías del concierto de la vida, en un estanque,
cuyos brazos, mueven los arcos de los violines.

Fue
como una noche ambigua construida en la selva
impidiendo retornarse.

¡Limbo, Limbo, Limbo!

 
 
     XVIII

 

En los azules ámbitos de un cielo perdido,
crecen los jacintos y la hierbabuena.

Aromas de té se mezclan entre arenas rojizas y malvas,
en un desierto habitado de imágenes fantásticas.

No sé si tengo la luz en penumbra, pero escribo
y escribo
vomitando agua transparente, ríos de verbos a la deriva.

Lo que siento no se expresa ni en versos ni en palabras:
es un éter de nubes pomposas, un clamor de querubines,
cantatas de ritmos puros o sonidos de viento loco.

Me pregunto: ¿quien soy yo?...
¿apenas el vendaval, el rayo, el cristal...
o acaso, el ruido hueco del amor mudo, que se alimenta
del silencio sordo del mar?

No. Yo soy el Limbo.

 
 
XIX

 

 

Templo,
sobre una cima entre aros de nubes
en medio del mar,
donde las aguas no alcanzaban su altura
y navegaban bajeles soñados en mi memoria
bajo las sombras de las torres y sus simas.

Alerté la voz
convirtiéndola en cántico gregoriano,
y pude despertar a los duendes,
que habitan en el cielo junto a la luz:

vi las ventanas iluminadas,
y oía un murmullo de ocasos
que me doraban de paz
de mi casa en el Limbo.

 
 
XX

 

 

Siento que la luz
aún me brilla,
a pesar del tiempo que pasó
desde que tú te hiciste niebla,

a pesar de fingir límites
y no tocar con manos el delirio,
siendo yo materia,
y tú,
solo alma.

Idea o posesión de lo perdido,
sombra del ayer,
esperanza pura, inapagable y densa,
perdida en mi memoria,
sola
con las formas de lágrimas azules
en un mar fecundo,
que aún me reluce con oros y platas
y donde tu recuerdo lo hace inaccesible.

Sumemos nuestros Limbos.

 

                        

                            XXI

 

                Campana con cuerda  de  arena

                 en urna de vidrio y  oro:

                 segundo tras segundo

                   se fugan las horas,

                    como  ovillo

                    q u e

                     se

                     enrolla veloz,

                          carrete del tiempo,

                      liviano como escolleras

                    de nostálgicos dos espacios

                     en urgentes minutos reposados en el Limbo.  

 

 

XXII

 

No obstante,
aunque todo es pequeño y se me mustia,
aunque nada de aquí me satisface,
aunque viva en un mundo inexistente,
me doy por contento de ser humano.

Sé, que el amor, es una metáfora
prendida de un meridiano,
con imperdibles siempre perdidos.

No obstante,
como no puedo subirme a la Luna
ni llegar a otra galaxia,
me quedo en el monte de Venus
junto a tu vientre de almohada,
para amarte en silencio
y que resplandezcas
mientras yo
enciendo tu Limbo.

 

XXIII

 

Nostalgia:
pabellón atascado de sentires
donde los árboles más altos esconden
senderos, caminos y veredas,
junto a menires y otras dolencias
que se acercan desde lo remoto,
presintiéndose dentro de las copas,
llenas de jugos rancios
y en los espejos con sombra oscura.

Invertebrada añoranza,
columnas quebradas o pompeyanas raíces
desvanecidas en antiguos paternones:
popocatepetl que arroja chispas, lumbres,
llenando alforjas de viento
como única riqueza que, en realidad,
su precio es nulo.

Despoblamiento del ser por el que huimos,
saltamos sobre piras
que nos queman los pies
y acentúan los dolores en movimiento:
regresamos por la nostalgia a las vidrieras
que representa la luz ausente.

Lo que yo ignoro todavía es
cómo amar a quien te ha olvidado.

Tengo que salir del Limbo.

 

XXIV

 

Ni atrasa ni adelanta
mi reloj de tiempo: ya pasé el Ecuador.

Paso a paso el segundero
me va marcando las horas y,
desde hace rato,
sueño con la historia,
noto que tengo demasiados pasajes,
que cada vez voy con menos prisa.

Ando más despacio...
¿será que me estoy haciendo viejo,
o habré conseguido algún karma
de la videncia madura?

Me gusta oler el jazmín, el espliego,
y ya no corto las rosas para ofrecerlas,
las adoro, las venero y las riego:
a veces, también hablo con el viento.

¿Será que me he vuelto loco,
o que ahora estoy más cuerdo?

Que me junto con los niños,
que no leo los periódicos,
que paso de "casi" todo el mundo
y sonrío a la gente sin deseos
y sin ansias,
quizás esté saliendo del Limbo

 

XXV

 

Umbría de soles fríos,
cantinela deshojada,
desnudos umbrales que ciegan rescoldos
y avivan llantos que riegan las eras.

Manantiales descubiertos,
aspirados con olor a papaya,
van tornándose en lagos sin olas:
membrillos ásperos y dorados
cuajan la sed y agotan centellas.

Me transformé en ardor inesperado
amasando halos de luz licuada,
y entré en jardines de femeninas plantas
que supuraban belleza
en los delicados impulsos de la luz cegadora
reverberando en la mar.

Vasijas colgaban de los bordes del Limbo,
como pórticos de estatuas de alabastro,
abrieron huecos iluminados de antorchas,
desprendiendo olores de azahar y de tiempo,
ultrajados por el reflejo de la luz y los colores
me produjeron alucinaciones,
y relaciones efímeras
entre la realidad y el deseo
que se crea en la vivencia del Limbo.

 

XXVI

 

Palabras mías,
ni dentro ni fuera,
mi propio ser
ajeno a mí mismo,
como una forma
de otredad
constitutiva.

Poema que trasparenta
la condición del poeta
en irregulares vocablos e ideas,
saltando incesantes,
sumisos a la destrucción
y a la creación del hombre.

Musa regular -imaginación falsa-
cuya regularidad se descontrola,
mientras en el más allá,
se interpela la trascendencia
hacia nosotros mismos.

Lo bueno, lo malo y lo regular...
¿qué es lo irregular: bueno, malo, diferente,
fuera de la norma, estrafalario?

Apunto la irrealidad que nos sustenta
como el mundo intangible de Ariosto con Orlando
o de Kafka metamorfoseante,
o del irónico Hegel
descubriendo la inserción de lo subjetivo
en la presunta objetividad.

Lo más irregular del mundo es la creación de sueños
que nos permita vivir la existencia.

Mañana, cuando me muera,
expiraré regularmente sin palabras...
seré,
descifrador de lo secreto, afluente
en un espacio cubierto de jeroglíficos. ..
seré normal.
Ahora, soy poeta "anormal":
"sin norma fija",
libre
aquí en el Limbo,
de donde no quiero y no puedo salir.

© Luis vargas







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