PoesiaypinturadeLuisVargasAlejo - Sobre Poesía pag-3
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...Continuación 

 

  •  

  •  El logro estético –el inicio de un poema- 

El logro estético depende de cada una de las palabras que componen el poema y del contacto entre ellas para formar los versos. Por eso, lo más importante, es saber iniciar el poema con la palabra adecuada, eligiendo la que mejor exprese la causa y afecto de lo que queremos conseguir.

 

Realmente las posibilidades son inmensas:

Si iniciamos con interrogación, estaremos incluyendo de entrada al receptor interpelado.  

Si iniciamos con una comparación, estaremos ampliando la visión de lo que deseamos señalar y dirigirlo hacia el terreno que queramos.

Si iniciamos con una exclamación, estaremos magnificando la fuerza del poema, ya que exclamar es expresar algo con vehemencia.

Si iniciamos con una negación, estaremos destacando las carencias, prohibiciones, desesperaciones que provoquen la curiosidad del lector.

Si iniciamos con una afirmación, estaremos reafirmando lo que se dirá después.

Las reiteraciones se suelen usar para expresar lo angustioso y lo abyecto.

 

El verso libre se caracteriza por:

Ausencia de rima

No tener regularidad silábica

No estar dentro de moldes estróficos

No tener métrica

Renunciar a toda normativa clásica y reglada

(Tiene irregularidad y ausencia de uniformidad)

 

Pero no puede renunciar a los artificios poéticos, a las estrategias para la consecución del ritmo en el poema.

 

Sólo debe responder a “la necesidad interna del poeta”

 

El poeta debe darse cuenta de lo que va sintiendo en su interior,  intuitiva o intencionadamente, e ir acompasando la duración silábica, como una armonía, a ese sentimiento que le guía en su creación. El ritmo depende de las necesidades internas del poeta.

 

Lo narrativo en un poema no es propio ni posible, ya que el poema no puede construir un mundo de referencias reales ni puede configurar un universo de acciones y sucesos. Sólo se pueden admitir fragmentos de la realidad siempre que estén condensados, rotando en torno a un punto clave, pero sin recrear una realidad describiéndola, sino creando la realidad poéticamente con elementos de la narrativa sin que sea un relato, sino una magia que sugiere, rítmicamente cantada.

 

  •  

  •   El ritmo.-

La verdad es que,  muchas veces, criticamos los poemas porque se nos rompe el ritmo al leerlos y, si tenemos al poeta delante, se lo indicamos y le sugerimos buscar dicho ritmo, pero nadie es capaz de decir o explicarle al poeta cómo conseguirlo o por qué se rompe dicho ritmo. Es como si el ritmo adoleciese de explicación y coherencia, de norma. Es música, pero no se atiene a las reglas de los pentagramas y de la escala musical. Es mucho más complejo, porque no se realiza con notas musicales, sino con la conjugación y juego de las palabras, cuyo sonido está dentro de cada fonema, de cada sílaba acentuada o no, de su inicio y terminación, del tiempo verbal usado, etc. Es intuitivo y como dijimos antes solo responde a la necesidad interna del poeta. Por eso, a veces, el lector no coge dicho ritmo o lo ve arrítmico, dado que no ha penetrado en la necesidad del poeta al escribir y su estado de ánimo. Al igual que la música moderna, donde a veces, las notas parecen estridentes y descabaladas, así el ritmo en el verso, puede ser alterado – y de hecho se altera- para conseguir efectos sorpresivos y de impacto emocional. Al no haber reglas definidas, es dificilísimo concretarlo o matizar una explicación lógica del ritmo. No obstante diremos normalmente el ritmo se puede conseguir con:

 

Mezclando versos muy cortos con versos muy largos, de forma que vayan expresando los estados emocionales del poeta (los cortos indicarán tensión. Los largos indicaran pausa acompasada y tranquila)  

Usando el encabalgamiento de los versos (es decir cortándolos y pasándolos al siguiente verso)  

Haciendo coincidir versos de igual medida a lo largo del poema alternativamente

Movimientos laterales y desviaciones que segmenten los estados anímicos, los vuelvan a unir y lleven a la melodía de un tan-tan casi ancestral. Sería parecido, por darle una imagen concreta, al canto de una madre que intenta hacer balbucear a un niño pequeño que se inicia en el habla.

 

El ritmo, por tanto, es la armonía que resulta de combinar los componentes del poema. Para más abundamiento escucharemos en su descripción del ritmo a Maiakovski en este poema:

Ando y gesticulo –berreo-

Acorto el paso para no entorpecer el bramido

Berreo más deprisa al compás de mis pasos

El ritmo va naciendo atravesando como un rumor

Que saca palabras aisladas.

 

¿De donde procede el rumor? No se sabe, pero si observamos que esta repetición sonora forma el ritmo, es un ruido o un balanceo, es la repetición de cada fenómeno que se marca mediante el sonido.

 

Cada vez que el poeta realice un poema debería comprobar su ritmo y, la forma de hacerlo, es probar diferentes combinaciones del lugar de cada palabra y comparar los resultados. La mejor combinación será la que tenga mejor sonido.

 

El ritmo reproduce las reacciones del poeta y no puede improvisarse. Si se cambia el ritmo deseado, cambia la significación del poema. De ahí lo difícil de conseguir un buen poema a pesar de que el tema sea muy interesante y las imágenes muy sugestivas...sin ritmo apropiado, no hay poesía.

 

La poesía no tiene por objetivo inventar una realidad similar a la que vive el autor-lector,  sino conseguir una emoción nueva sobre un mismo tema o sobre cualquier evento. No tiene, por tanto, lógica, ni utiliza el raciocinio. Debe buscar la expresión estética con el ritmo que palpita en el poeta. Es un despliegue lingüístico que se intenta organizar creando efectos de sentido rítmico aunque pareciera no tener sentido real, porque se trata de conseguir que un poema signifique algo del sentir interno y nada más.

 

El poema lo trastoca todo: traspasa las preguntas y las convierte en respuestas, viola las reglas gramaticales y semánticas, quebranta las palabras y las corta usando espacios en blanco, dice y oculta lo dicho, siente miedo y valor, abrevia el verso y lo alarga, busca el yo en una profunda reflexión que se desliza por los versos hasta hallar lo encontrado.

 

  •  

  •    La espacialización.- 

A  través de la especialización se realiza el ritmo y el sentido del poema.

 

La especialización refleja gráficamente un ritmo que responde a necesidades expresivas de los sentimientos, las emociones y los sentimientos, haciéndole ser una especie de guía.

 

No existe ningún pensamiento o sentimiento sin representación verbal. La forma de hacerlo es precisamente su representación. Nada termina en forma sino en idea, por eso la forma no termina nunca.

 

Podemos enumerar tres formas de espacialidad:

 

  •  

  • La línea poética fluyente:

Es un poema que se construye a partir de las proyecciones del significado poético de un verso sobre otro.

 

Por ejemplo en estos versos de José Gutiérrez, veremos

 

“siete caballos sobre siete estelas

en el templo

                                          siete

caballos devorando al oficiante...”  

  •  

  • La línea poética fragmentada:

Es un poema que se construye a partir de líneas poéticas rotas (dos partes separadas en el renglón) separando conceptos antitéticos o complementos directos e indirectos del verbo.

 

Ejemplo en Gerardo diego:

 

                                          Alguna vez ha de ser

La muerte                                                                       y  la vida

Me                                                                                     están

Jugando                                                                         al ajedrez.

 

 

  •  

  • La línea poética diseminada:

Es un poema que se construye a partir de líneas con amplios vacíos irregulares a los que cada lector accederá libremente.

 

Esta forma de hacer poesía está basada en la imagen visual que, sin duda, atrapa al lector, llegándose a utilizar formas insólitas, porque la imagen gráfica puede ser la forma que adopta el poema o surgir del propio poema con orden arbitrario, tanto de dibujos, como de fragmentos de palabras o distancias entre ellas. En este tipo de poesía no suele haber signos de puntuación y las palabras van y vienen, por lo que el poeta ha de tener mucha habilidad para conseguir el efecto deseado. (También había que tenerlo en la poesía clásica para rimas y medir al mismo tiempo y conseguir así el efecto)

 

Con esto se consigue dirigir la mirada del lector hacia el poema.

 

De aquí nos nace otro concepto de poesía o abundamiento de los mismo, pudiendo afirmar que la poesía más que ideas son cosas que entran por los sentidos a través de las imágenes.

 

Cuando unimos las imágenes visuales con otras imágenes de la nueva expresión del lenguaje, el poema se enriquece y absorta.

Un gran ejemplo de esto es Giuseppe Ungaretti: que utiliza un espacio interior vacío para proyectar su idea nuclear “la nada”, con páginas en blanco, con fragmentaciones y síntesis expresiva y dice:

 

“Aquí llega el poeta

y a la luz vuelve luego con sus cantos

                                                                                y los dispersa

de este poema

me queda

                             aquella nada

de inagotable secreto”.

 

  •  

  •     ¿Qué debe producir la poesía?

La poesía debe producir un encantamiento en el lector y que se consigue combinando significados y sonidos y, en función de esto, trasmitir un efecto emotivo y un ritmo.

 

El sonido de las palabras deben trasmitir el ritmo interior que el poeta ha sentido como una tonadilla que se repite y es producto de la impresión emocional que recibe dicho poeta ante el objeto o situación que provoca el poema y le inspira bajo la musa,  haciéndole musitar musarañas.

 

El poeta juega con la musicalizad de las palabras, de las sílabas y de los fonemas para conseguir esa tonadilla, explorando su significado potencial. Debe, por tanto, conocer bien el vocabulario y su semántica real o crear uno inventado.

 

La repetición de un mismo fonema (letra) conlleva un efecto sonoro rítmico que crea una geografía melodiosa. No hay que olvidar que la música en Grecia, Egipto y en las primeras culturas ancestrales, se representaba por grafías o fonemas que representaban los sonidos largos o cortos según los signos que las acompañaban, como símbolos del sonido. Después se fue creando un idioma musical que es lo que hoy conocemos por solfeo.

 

  •  

  •    ¿Qué es la poesía entonces?

Es una forma de conocimiento que no explica nada, sólo insinúa. Desarrolla un tema que es apercibido desde distintos pareceres.

 

Se trata de entrar a recuperar los sonidos de la infancia y revalorarlos, descubriendo su sentido y rescatando el valor del juego como factor clave para escribir.

 

Es un rastrear por nuestro interior tratando de encontrar el material primigenio de las resonancias, balbuceos, exclamaciones y palabras con fonemas cambiados. Con todo este material aprovechar los efectos de los sonidos en la composición de un ritmo poético.

 

En la infancia el lenguaje es pura cadencia de la que nos enamoramos al escuchar a un infante y sentimos ternura.

 

La vía hacía la escritura de un poema es percibir la sonoridad de aquellas resonancias primogénitas y componer un armazón fónico ineludible para cada poema, cuyo sentido no es lo que se dice, sino cómo se dice y cual es su ritmo que nos penetra el tuétano y nos obliga a emocionarnos, rememorar, hilar y construir un mundo nuevo de sentimientos e ideas.

 

Nos lleva al ritmo la acentuación prosódica y la etimológica, repitiéndose en los versos para que se convierta en canción. El poema es un canto... “a lo que sea”.

 

La vocación de poeta o la poesía, surge de:

 

De una conciencia conducida

Por una cadena sonora

Con distintas formas de manifestarse

Según la acentuación de las palabras

Que marcan el ritmo interior del poeta

Y lo expresa mediante grafías idiomáticas

Con sentido o no

Que se diferencia ostensiblemente de la prosa

Y la narrativa

Y va a florando como el agua de una cascada

Hasta que llega a la mar donde culmina el gozo

El sentido y la naturaleza del ser.

 

El poeta crea esquemas o itinerarios de sonidos (con las palabras), más o menos intensos y, a partir de ahí, va creando el poema. El modo o significado de las palabras no tiene mayor importancia, sí el lugar que ocupan para la escala musical, de la cual, nace el sentido del poema, el sentido poético que te hace vibrar y pareciera rayar con la belleza que emociona, pero toda la secuencia sonora y del sentir, debe llevar una lógica o traducción al lenguaje inteligible para que el poema trasmita y evoque.

 

Pero no se puede escribir un verso sin volcar el alma entera: inteligencia y pasión. (No sólo en los poemas de tema amoroso que parece más fácil hacerlo, sino también en cualquier tema por muy abrupto que sea, incluso revolucionario socialmente)

 

  •  

  •  xisten muchos “trucos” para escribir un buen poema y mencionaremos 

 

  los más importantes a mi juicio:

 

  •  

  • La palabra.-  

 

Es la materia del poema. El elemento con el que evocamos y producimos asociaciones, recordamos, revivimos hechos pasados y deseos futuros.

 

Es el elemento de unión de todo el poema dentro del conjunto de léxico.

 

Por tanto, la palabra, es el instrumento imprescindible de la poesía y cada palabra debe ser elegida junto con el lugar que ha de ocupar según nuestros deseos o impulsos más internos.

 

El tema depende de la palabra y viceversa, son consustanciales. Su buena relación y unidad debe parecerse al acto amoroso para encajar y satisfacerse y lograr el gozo tras el poema.

Como en el amor es un enfrentamiento de interioridades entre el poeta y el mundo. Del choque debe surgir el tema en forma expresiva.

Un tema puede ser en sí mismo una unidad o ser el símbolo que sugiere la vida de otro tema.

 

Como el que hurga en las partes más íntimas, un giro o un rodeo es una búsqueda de la expresión directa. Cuando se nombra algo por primera vez lo hace suyo y siente pertenencia sobre la cosa/persona y ya nada es igual antes y después de nombrarlo. Se ha incorporado un elemento nuevo a nuestra vida que reconocemos y aumenta nuestro entorno intelectual y/o afectivo.

 

  •  

  • El léxico.-  

 

Seleccionar el léxico puede ser el primer paso para confeccionar un poema, pero podemos avanzar por un itinerario de palabras que sean el hilo conductor del poema.

 

El léxico es el conjunto de palabras, locuciones, modismos y giros de una lengua o idioma. El léxico que usemos determinará el poema. A mayor léxico o conocimiento de la lengua, más posibilidades tendremos para expresar nuestras emociones e ideas y, en definitiva, crear un mejor poema.

 

La poesía no requiere un lenguaje o léxico especial. El llamado lenguaje poético no existe,  lo que existe es la forma poética. No se excluye ninguna palabra ni ningún giro cuyo uso dependerá del contexto en el que escribamos.

Lo importante es la situación, dentro del conjunto del poema, de cada palabra y de cada verso.

 

El significado belleza no es sinónimo de poesía. Puede existir una cosa bella y no ser poética al no guardar las características de lo que hablamos, aunque pueda encuadrarse en el campo del arte plástico o de cualquier otra disciplina que contenga belleza.

 

No tiene por qué existir palabras excluidas de la poesía, ya que todas tienen un significado que engloba nuestras más íntimas vivencias. El vocabulario corriente puede tener significados insospechados para cada persona, convirtiéndose en polos magnéticos productores del poema si el poeta así lo siente, expresándolo mediante sus palabras clave.

 

En cada expresión y cada palabra tiene un sentido propio y se inserta de forma única e inequívoca en el terreno del poema. La misma palabra puede significar distintas emociones para cada poeta o para cada persona y puede encararse desde distintas perspectivas. Todas las palabras valen.

 

Rubén Darío decía: “Las palabras nacen justamente con la idea y coexisten con ella, pues no podemos darnos cuenta de las unas sin las otras. En el principio está la palabra como única representación, pero no es más que un signo o una combinación de signos, después esos signos lo van conteniendo todo por su actitud demiúrgica”

 

  •  

  • La palabra clave.-

 

Es una palabra simbólica  de lo que no se puede expresar directamente y que gracias a su poder, casi mágico de su simbología, consigue potenciar el poema –hacerle posible- y sobre la que el poeta insiste y vuelve y revuelve.

 

La palabra clave desencadena una catarata de ideas y con ella se motiva la elaboración de un poema esencial.

 

Esta palabra sirve de nexo a todo el poema.

 

Alain Bosquet identifica el acto de escribir poemas con hacer la vida y dice: “...es una necesidad lejana de la metafísica que califico de corporal. Los sentidos, y la ilusión de liberarme de mi piel, participan de esto. Los alimento con imágenes y conceptos, con ideas trasmisibles que me parecen enigmas por nacer de la voluntad de combatir la voluntad, con el placer de invertirse con el poder exterior a sí mismo...”

 

Es decir, tratamos de reconocernos a nosotros mismos y el sentido de la vida propia en un acto profundo de introspección mediante la poesía.

 

Las palabras claves son las que provocan placer, las que esconden nuestros íntimos secretos, las que contienen el mundo para mí.

 

Las frases que escuchamos al pasar, los letreros públicos, lo que se dice, lo que se hace, lo que se lee...sólo basta respetar el lenguaje cotidiano y configurarle un ritmo interior apropiado en el que todo parezca una enumeración desordenada aparentemente con palabras clave.

 

Todo ser humano cuenta con una o más palabras clave que concentran y sintetizan su historia, moviliza sus emociones, su sensación, sus recuerdos, sus sueños, sus miedos, sus deseos. Buscar dentro de nosotros esas palabras es el objetivo de la poesía, recuperarlas y manifestarlas a la conquista de un poema.

 

El poema será el resultado de un conjunto de palabras que parten de una que llamamos “clave”, a modo de llave que abre nuestro interior, sometidas a una distribución especial y a un ritmo, en donde se encuentre una lucha perpetua e incitadora entre el escritor y el lector.

 

La palabra clave, por tanto, surge de la nada –a nivel subconsciente- y de cuyo significado, más allá del mismo, surge el poema. A veces elegimos o buscamos la palabra clave y otras veces es ella quién nos elige a nosotros para poetizar.

 

La palabra inicial y la palabra final de cada verso, deben estar relacionados desde lo concreto a lo abstracto o viceversa relacionados con el hilo conductor de la palabra clave.

 

La mayor parte de la veces nos viene dada por la captación sensible de lo que habita en la emoción y se dice que nos la da la “musa” o la “inspiración” y puede ser casi cierto, aunque es más cierto que naciendo de una impresión recibida surge cuando nos sentamos en el silencio a trabajar ante un papel que empezamos a rasgar con una pluma garabateando palabras en busca de la palabra clave que nos lleva al poema.

 

Sólo cuando se siente la necesidad imperiosa de arrojar el contenido de nuestro ser para poder llenarlo nuevamente, es cuando este fenómeno puede suceder. Convertirlo en poesía, es cosa de poetas.

 

  •  

  •     El Tema.-

El tema puede sugerirnos las palabras o las palabras puede sugerirnos el tema.

 

A medida que el poeta va escribiendo surgen la palabra o conjunto de ellas que van construyendo el poema. La atmósfera concreta que queramos crear depende del léxico empleado y la elección de dichas palabras, sobre todo, de la palabra clave.

 

El poema emotivo deberá apelar a palabras que indiquen emotividad, procurando que sean sustantivos y no los adjetivos los que prevalezcan. El poema sensorial apelará al léxico referido a los sentidos y el erótico al eros. Sin embargo, cualquiera de estas manifestaciones anímicas pueden desencadenarse sin palabras o léxicos concretos que apelen directamente al objeto concreto, simplemente evocándolos o construyendo un mundo léxico con palabras, casi inaceptables en el contexto, que provoquen en el lector la sensación “de” y que antes hayan sido provocadoras en el autor.

 

Filtra el azul

Amasa y harina el poema

Con la magia de la palabra

Fundamento de la raíz, el tallo y la flor

Vida que se amanceba palatina

En un mundo de lujosas contradicciones.  (Luis Vargas)

El poema se puede concebir como un manifiesto que va, desde la palabra, al sentimiento y a la idea, sin interferencia alguna.

 

El punto de partida puede ser muy diverso: el individuo –hacia dentro o hacia fuera- , la sociedad, la tierra natal, la familia, los amigos, el choque amoroso, el erotismo, la muerte, la vida, y la propia poesía en sí misma.

 

Hay un poema de Carlos Drumón que a mi me provoca todo esto:

 

 

No rimaré la palabra sueño

Con la inoportuna palabra otoño.

Rimaré con la palabra carne

O cualquier otra: todas me convienen.

 

Las palabras no nacen amarradas,

Ellas saltan, se besan, se disuelven;

En el cielo libre a veces un boceto

Son puras, largas, auténticas eternas.

 

Una piedra en medio del camino

A penas un rastro, no importa.

Estos poetas son míos. Con todo orgullo,

Con toda precisión se incorporaron

A mi fatal lado izquierdo. Hurto a Venicios

Su más límpida alegría. Bebo de Marilo

Que Neruda me otorgue su corbata

Flamante. Me pierdo en Apollinaire. Adios Maiakovski.

 

Todos son hermanos míos, no son periódicos

Ni se deslizan en lanchas entre camelias;

Son la vida que arriesgué.

 

El tema que puede ser muy concreto o muy abstracto, en poesía, debe ser siempre sugerente e incitador, estimulante, desarrollando perspectivas particulares.

 

La manera de abordar el tema hace brotar con mayor o menor fuerza los estímulos del lector (y es dependiente de cada lector, de su metafísica, experiencias personales y modos de entender los significados de la conducta humana y de su ensencia)

 

Según como se viva el tema el poeta lo tratará en línea filosófica y metafórica triste a alegre, nostálgico o de futuro, con humor, con escepticismo, con esperanza, con amor, con rebeldía social, con romanticismo o hiperrealistamente.

 

Pero lo que no cabe duda es que el poeta es un filósofo que busca en sus temas una verdad determinada. Manifiesta un pregunta siempre, duda y trata de responderse o de que le respondan. Busca claridad desde lo oscuro o penetra en la oscuridad desde la claridad, busca el orden desde el caos, el origen y el fin de los hechos más insignificantes y de los fundamentales y generales de la esencia humana.

 

De esta forma, el tema, puede no plantearlo el poeta, sino el lector, como resultado del proceso mismo de la escritura que lo compone.

 

El poema es, por tanto, un ámbito cerrado y completo, cargado de significado que nos remite a un tema o a varios. Y en esta diversidad estará la dependencia de la comunicación del yo/yo, yo/tu, yo/nosotros, vosotros/yo.

 

Paul Valery dijo “el poema se hace con palabras con ideas” y esta concepción es sorprendente, porque así es que, al poner palabras, hay ideas, hay cosas y hay emociones.

 

Finalmente diremos que la experiencia de la poesía es lo contrario a la poesía de la experiencia. Hay emociones que no lo son del todo hasta no recibir la fuerza lírica de la palabra exacta.

 

La palabra, como la música, resucita las realidades, las valora, las exalta, elevándolas a una dimensión distinta a los vocablos de “todos”, sacándola del sueño de los inexacto y del concepto que dormía porque el lenguaje usual no actúa como barrena rescatadota y la poesía sí.

 

El mensaje en la poesía no está en el significado habitual de las palabras, sino en el modo en que las distribuimos en el poema. La poesía no es el artilugio que pone la bomba en funcionamiento, ni el detonante, sino la explosión misma y sus consecuencias. 

 

  •  

  •     El poeta y la realidad.-

La realidad es la forma que adopta lo objetivo y que no puede ser de otra manera. Lo abstracto es la realidad modificada por el subjetivismo y su concreción es difusa y confusa. Las matemáticas y la geometría pueden ser objetivas al igual que los paradigmas demostrados de la ciencia, pero casi todas las demás cosas se nos muestran subjetivamente aunque tengan apariencia de objetividad, puesto que lo objetivo lleva implícita la cualidad de lo subjetivo.

 

¿Qué puede hacer el poeta frente a este fenómeno metafísico? Como todo ser mortal, aceptar lo que convencionalmente es real o rebelarse contra ello, sabiendo que la experiencia trasciende siempre lo subjetivo.

 

La actitud del poeta, como la poesía, es indefinible, tampoco se puede definir ni etiquetar al poema y nadie puede enseñar a otro el “arte poético”, sólo mostrarle su experiencia poética, las formas que usa para escribir y cómo y cuándo las usa consciente o inconscientemente, pero nunca puede explicar, más que con sus poemas,  qué es la poesía, pues esta está sumergida y subyace en el sustrato de la vida y sus manifestaciones.

 

Pero sí podemos mencionar algunos puntos clave que comparten los poetas:

La subjetividad y el poema como producto del mundo privado de cada poeta.

La incorporación de todo lo existente en el poema.

La forma o modo en que encara y trasforma la aparente realidad –objetiva o subjetiva- para recrearla.

 

Rilke decía: que la poesía el poema “no son sentimientos sino experiencias”

 

De la experiencia, más o menos rica de la personalidad, debe nacer el recuerdo olvidado y de ahí la palabra poética, con la cual se inicia el verso.

 

El poeta sufre de tanto sentir las cosas, de vivirlas y no poder cerrar los ojos ante fantasmas, deseos e ilusiones, y lucha entonces para que cada uno encuentre su lugar.

 

El poeta revisa y analiza la realidad para aprobarla, la interroga, la acepta o la destruye.

 

Pero fundamentalmente, el poeta, trata de librarse de la vida terrena o social de la que está desilusionado y opta por sublimarla o distorsionarla hasta fundirla con otra materia y otra forma, construyendo un mundo nuevo para sí.

 

A la realidad suele pedirle ambiciosamente las cosas imposibles de alcanzar en su vida y las toma, verso a verso, las hace suyas como es el amor perfecto, la hermosura, la gloria, la virtud, etc.

 

El poeta y la poesía es siempre un ente social, porque en general, trata de sacar el mayor partido de la palabra como arma certera y convincente para dominar lo que no le gusta, lo que le gusta, lo que hiere su conciencia y lo que su conciencia aprueba, junto a los ritmos sociales.

 

Toda la poesía tiene la finalidad de explicar y trasformar el mundo, recrear y revelar lo inabordable. El poeta es el que tiene que preocuparse de ver “aquello que uno no puede dejar de ver: la conciencia del mundo”

 

   

(Existe mucha bibliografía sobre el tema que no voy a enumerar pero que se puede encontrar en diversos sitios en internet y en toda clase de enciclopedias, pero quiero hacer mención de un estudio que leí y me pareció muy elogiable, realizado con rigor de crítica literaria por el profesor Pablo Mora en  2002 en la revista Espéculo, de estudios literarios de la Universidad complutense de Madrid y cuyo contenido recomiendo leer a los interesados en el tema y cuyo linck reproduzco aquí en honor al Profesor con el debido respeto)

http://www.fing.us.es/personalpages/jpm/

Fin



© Luis Vargas Alejo 






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